La Carreta del Gato

Capilla del Señor

Primer pueblo histórico nacional

Existen pueblos, como Capilla del Señor, en los que a pesar de no haber sido escenario de hechos históricos de trascendencia nacional o no poseer obras arquitectónicas de relevancia monumental, constituyen ámbitos urbanos con significativa cohesión formal y cultural que los vuelven valiosos referente de la memoria regional.

El carácter histórico se debe, en particular, al hecho de que a través de una peculiar fusión de cultura y naturaleza, representa modos de vida y ambiente urbano que testimonian la relación entre el pasado y el presente y son promesa de continuidad armónica en el futuro.

La integración con el campo contiguo, el haber perdurado los tipos arquitectónicos como consecuencia de la estabilidad de los requerimientos y las técnicas constructivas, el paulatino agregado de nuevos elementos y la unidad del conjunto, hacen de Capilla un ejemplo relevante de las poblaciones pampeanas y en tal sentido adquiere escala nacional. Son estos aspectos los que ha considerado especialmente el Poder Ejecutivo al declarar, por decreto Nº 1648 del 21 de setiembre de 1994, bien de interés histórico al pueblo de Capilla del Señor.

Su historia

Todo comienza en 1580, cuando Juan de Garay hace el reparto de las tierras de lo que es hoy el partido de Exaltación de la Cruz. Unos veinte años más tarde entra en escena Don Francisco Casco de Mendoza, que decide establecerse con su familia en estos dominios. Al morir su hijo Mayoriano, Casco de Mendoza levanta un oratorio y en 1735 el templo es erigido como vice Parroquia. La fecha de fundación es el 14 de septiembre, día del Señor de la Exaltación de la Cruz. Comienza el loteo en torno a la nueva iglesia a mediados de 1750, y de esta movida arranca la verdadera historia de un pueblo que surge alrededor de la capilla del Señor.

Fué llegando gente de todas partes y hacia el 1800 aparecieron los primeros irlandeses, que se instalaron frente a la plaza principal. El asentamiento se explica porque algunos de los prisioneros de las invasiones inglesas fueron trasladados hasta aquí, hecho del que dan fe en el cementerio las bóvedas de los colonos con leyendas en inglés y en castellano. Apellidos como Gaynor, Lennon, Dillon, Mc Guire y Kid, son los más comunes. Después hubo una ola de inmigrantes sirios libaneses, quienes se aquerenciaron y crearon el Club Honor y Patria, una entidad que aún hoy mantiene su carácter de centro social. A fines del siglo XIX cayeron los vascos y abrieron tambos. Tampoco faltaron africanos en este potpourrí étnico, esclavos liberados que acá encontraron su lugar en el mundo, las mujeres trabajaron de mucamas y los hombres en el campo, hasta mediados del 1900.

Hoy en día

Hoy Capilla del Señor, apartada de las grandes rutas, da la impresión de haberse detenido en los años 30. Esto le permitió mantener la armonía del espacio urbano y un acogedor ambiente lugareño.

El ámbito rural le confiere un especial encanto a este pueblo, próximo a la entrada por la única ruta asfaltada, la provincial 39, aparecen los bretes y corrales de la feria, algo más adelante, tras el puente que cruza el arroyo de las Veredas las argollas de hierro para atar a los animales.

Dos estaciones ferroviarias más que centenarias, hablan de pasado esplendor, contiguo a ellas, los silos y los tradicionales galpones.

El entorno es atrayente, la tierra muy fértil, levemente ondulada, con buen sistema de drenaje, y montes de eucaliptos y casuarinas. La presencia de estancias, tambos, haras y chacras le dan al horizonte agradable amplitud. Y todo esto a sólo 85 Km. de Buenos Aires.

En cuanto a la gente, es amistosa, llana, solidaria, todos se reconocen y no hay prisa, se puede charlar o chismear con proveedores y parroquianos en la verdulería, la carnicería, o en el almacén de ramos generales, que aún existe como antaño.

Fotos

Estación del ferrocarril

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